18NOV

Historia de una foto


La explicación del por qué de una fotografía



En esta entrevista que me hizo Pedro Soriano y tras una conversación tuitera con Miguel Ángel Mañez sobre la foto que la ilustra, me he decidido a contar la historia.

 

Llevaba ya tiempo trabajando en el hospital nuevo

Ya me había habituado a los largos pasillos, al mal funcionamiento de las camas que debía empujar, al alto ritmo de trabajo que me obligaba llevar varios servicios a la vez...pero sobretodo me había acostumbrado a tratar con los pacientes

Me sentía muy cómodo hablando con ellos, a veces haciéndoles reír, escuchándoles, otras veces simplemente hablando de cosas banales…sentía que en muchos casos eso les tranquilizaba

Pero estaba la otra parte, que a veces leía en los ojos…adivinaba sentimientos de miedo, de dolor, de incertidumbre…

 

Fui a buscarlo a la habitación pero no estaba

Cuando me encaminaba hacia el control de enfermería para localizarle oí una voz grave a mi espalda, preguntándome si iba a buscarlo a él… 

 

Las pruebas endoscópicas con sedación obligaban a bajar al paciente en su propia cama.

Eso le enfadó aún más de lo que ya parecía estarlo…aunque permaneció en silencio, se le notaba el gesto contrariado

 

Maniobré con la cama dentro de la habitación y la dispuse alineada para salir por la puerta con comodidad, abandonamos la habitación, torcí hacia la izquierda y enfilé el camino del pasillo norte, buscando el ascensor de la torre G

Ese era el momento en que yo empezaba a mirar más detenidamente a los pacientes. Empujando desde el cabecero (al contrario de las normas) tenía una buena visión de sus rostros…

 

La séptima planta ofrecía una visión espectacular de la ciudad, el sol atronaba por los enormes ventanales y la luz tan característica de Valencia iluminaba todo…casi doscientos metros después llegábamos al ascensor que nos bajaba hacia el servicio de endoscopias de la planta baja

Mis invitaciones a hablar con él se habían topado con monosílabos –casi gruñidos- como respuestas

 

Tres horas después recogía a Rodrigo (nombre ficticio) en la sala del despertar…mismo gesto adusto, como de hartazgo…seguía sin compañía de familiares, cosa extraña en este tipo de pacientes

Dudé mucho si hablarle o no, así que decidí esperar…enfilé el pasillo que cruzaba todo el servicio, olvidando los ascensores cercanos a la sala del despertar. Era hacer más metros, pero había menos gente, se iba más tranquilo y había mucha más luz…

 

Cuando se cerraron las puertas del ascensor Rodrigo tomó la iniciativa y me preguntó por qué iba por el lado norte…
Relajó el gesto y comenzamos a hablar

Con un terrible diagnóstico reciente, por sus palabras le notabas cabreado, como un león enjaulado que da vueltas dentro de su celda…y apareció su pesar: toda su vida navegando, con su barco recreativo y llevaba meses sin poder ir…su familia y sus médicos se lo desaconsejaban

 

Me pidió parar

Quiero ver el sol, me dijo

Se bajó de la cama y me acerqué a él…recién salido de una sedación y en medio de un pasillo no es lo más conveniente

Yo me iría a navegar-le espeté a bocajarro.

Haz caso en todo a tus médicos, pero ves a navegar…tu vida no es tu enfermedad, tu vida es cuando estás encima del barco

 

 

 

Por eso me gusta esta foto.

Me trae buenos recuerdos

Leí un tuit que decía: toda enfermera tiene su paciente cero.
Y yo añado, que todo celador también tiene su paciente cero

Un año después, estábamos dándonos un abrazo a la puerta y los que quedan…

 

18 noviembre 2015






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