28SEP

Mi experiencia trabajando en la gestión sanitaria


Tras 6 meses trabajando en la gestión es ahora de hacer resumen



Hoy acaba mi periplo en los servicios centrales de la Conselleria Sanidad Valenciana.

Han sido 6 meses de aprendizaje, de algo parecido a un Master acelerado, donde he adquirido experiencia, conocimientos y visión global de la sanidad.

La oportunidad de trabajar cerca de los puestos directivos sanitarios no se presenta muchas veces, así que no dudé en embarcarme en un proyecto ilusionante allá por el mes de abril.

 



Ya he dicho bastantes veces que la sanidad no es sólo enfermería, los médicos o los hospitales. Hay mucho más allá, que habitualmente no vemos o no nos damos cuenta.
Y lo he podido certificar, una vez más.

También me repito diciendo que la sanidad funciona por el impulso personal, la profesionalidad y el orgullo del trabajo bien hecho de la mayor parte de personas.
He podido comprobar, una vez más, que las mayores luchas son contra el propio sistema.

Los corsés, el aparato burocrático o incluso las tradiciones (“esto siempre lo hemos hecho así”) determinan gran parte de las posibilidades de éxito de una idea, un equipo, un trabajo o una iniciativa concreta.


He podido observar y leer con detenimiento, quejas desesperadas de pacientes reclamando mejorar su atención sanitaria junto a requerimientos ridículos de pacientes “tocanarices” que por todo argumento esgrimen su aportación anual a los presupuestos del Estado/CCAA.
Porque los pacientes debemos ser conscientes que presentar 50 quejas de contenido burocrático, en un plazo de 6 meses, por una misma persona solo contribuye a empeorar el sistema.

 



La complejidad de ser justo en situaciones límites, que además afectan a la salud, es terriblemente difícil de solventar.
A menudo confundimos los derechos universales con las necesidades individuales.
Y suelo poner el mismo ejemplo: todos tenemos derecho a una ambulancia (un transporte asistido) para acudir a las citas programadas con nuestros profesionales sanitarios.
Pero no todos precisamos hacer uso de ese derecho, no todos precisamos de una ambulancia para ir a una consulta.
Si cualquiera se arroga el derecho, sin tener en cuenta la necesidad real, el sistema sanitario sería imposible de mantener.

Dejo para el final lo más escabroso, la política.
Idealmente, la sanidad no debería entrar en un debate político. La atención y los derechos sanitarios son independientes de la opción política que se profese o que gobierne en este momento.

Entiendo que la política debe tener su espacio y su territorio de mando.
Y los dirigentes políticos deben ser acordes en su mandato con las promesas realizadas antes de elegirlos.

 

¿Dónde se sitúa el límite entre las decisiones políticas y las decisiones técnicas?


¿Quién avala que una decisión es política (aceptable o no) y otra es técnica?

No por ser un puesto político vas a desarrollar mal un trabajo, ni por ser un puesto técnico eres garantía de ecuanimidad y perfección.

Es todo demasiado difuminado…y no me gusta.
Y ese -desde mi modestísima opinión de novato y con una escasa experiencia de 6 meses- es el mayor problema de la sanidad: definir las cosas, saber quién tiene que tomar las decisiones y que el resto lo sepamos para colaborar con el responsable, si precisa.


Porque como he oído varias veces: la mano izquierda no sabe lo que hace la mano derecha (y la frase no tiene connotaciones políticas...o sí)




 29 septiembre 2016






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