12AGO

Al final de la escapada diabética


trabajo y diabetes,



En los últimos meses, he vuelto a mi puesto de trabajo de celador de base.
Eso me ha devuelto el contacto directo con personas ingresadas de las más variadas enfermedades, nacionalidades, personalidades y séquito de acompañamiento.

 

Particularmente suelo tener contacto con personas en tratamiento de diálisis y personas que acuden a tratamiento en la consulta de úlceras y heridas.
Al menos son los que más me fijo.
Porque por mucha mentalización, conocimiento, positividad y optimismo que uno tenga, mi mente –cuyo funcionamiento emocional ha sido maltratado por tsunamis regularmente superados- va a su bola, no hace caso a nada y siempre se pone en lo peor.

 

Rentabilidades pasadas no garantizan rendimientos futuros.

Esto es algo que podríamos aplicar a las flechas de tendencia surgidas de la MCG, pero también al control de la diabetes.
Un buen control de la diabetes no exime al 100% de poder tener complicaciones relacionadas con la diabetes.
El glucolega Marcelo González –por desgracia- lo lleva contando los últimos meses con esa  maestría que sólo él sabe transmitir, mostrando su proceso de retinopatía diabética.

 

Cuando voy a buscar a un paciente –con el objetivo de conducirlo hasta una sesión de diálisis (o cualquier otra prueba) o de vuelta a su habitación- no acudo con la mentalidad de ver una persona con diabetes.


La cuestión salta inevitablemente:
- llegando a la sala de hospitalización el comentario de la enfermera:” ahora paso por tu habitación y te pongo la insulina….”

-“llevo esperando 3 horas la ambulancia y sin comer…soy diabética y mira, me tengo que poner la insulina”.

- y cuando no el propio paciente quien te lo cuenta: “yo tenía diabetes, no me cuidaba y de una heridita, mira, me cortaron medio pie”

- o cuando reparan en la bomba de insulina que cuelga de mi cintura: ”ah, eso es insulina? Pues cuídate hijo mío que tú eres muy joven, miro yo cómo he quedado”

 

 

Cuando pasa la calma, llega la tempestad.


Después de comer, en ese rato tonto que invade la modorra insoportable, o a media tarde haciendo cualquier cosa, incluso al día siguiente, de manera provocadora e inesperada,  atrona la imagen del paciente con diabetes en tratamiento por complicaciones.

 

Y te desequilibra, claro.
No es algo que pretenda darle gran importancia.
Pero sucede.
Tampoco creo que deba hacer nada especial para hacerlo desaparecer.
Ni siquiera lo veo como un recordatorio que provoque cuidarme más (¿más?¿más aún?)

 

Está ahí, se asume, se afronta y a otra cosa.
Porque la diabetes sí influye en mi vida.
Lo contrario es negar la realidad.

 

11 agosto 2018






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