01DIC

¿QUÉ ESPERAMOS? A QUE MUERA


Este post va dedicado al #CarnavalSalud que la Wikisanidad dedica este mes de noviembre a El derecho a bien morir.






Quité el protector naranja de la bala de oxígeno y me encaminé hacia el ascensor. Expectante ante lo que me podía encontrar. El médico adjunto del servicio me dijo:”bájalo rápido, está muy mal, no sé qué haremos…”.


Acostumbrado a bajar las urgencias a última hora del turno de la mañana, las 13 horas que marcaba el reloj no entraba dentro de lo normal.


Al llegar a la planta, eché un rápido vistazo. Nada parecía fuera de lugar, no había nervios ni carreras. Familiares de pacientes de otras habitaciones deambulaban por el eterno pasillo, como era habitual.

La habitación estaba cerca del control de enfermería. En ese momento salía de la habitación el médico residente – un R3 de 29 años, tan bonachón como enorme físicamente- acompañado de un familiar: “mire, está muy mal, lo más probable es que no supere la intervención pero es lo último que podemos hacer… ¿me ha entendido?”

Esas palabras acabaron por aumentar mi nerviosismo.


2 auxiliares y 3 enfermeras se aprestaban por cambiar y adecentar al paciente. Tras retirar la sábana apareció un cuerpo hinchado, amarillo y lleno de moraduras.

Me puse los guantes y la mascarilla. El olor proveniente de la hematemesis y de la rectorragia era intenso.

4 goteros, 2 bombas perfusión, 3 drenajes, cables de monitorización, el oxígeno, los papeles de la historia…”oye, cuando acabéis devuélvenos el sistema de monitorización”…sí, en eso mismo estoy yo pensando ahora.


Saliendo por la puerta de la habitación nos detiene un chico de apenas 20 años, llega casi corriendo y resoplando, “me han dicho que viniera a verte, tío…ya verás como no es nada, cuando subas hablamos, te espero aquí”.


Nadie nos acompaña en el trayecto. La familia prefiere quedarse en la habitación y el R3 tiene que seguir atendiendo enfermos en la planta.

Dentro del ascensor lo miro detenidamente y hablo con él, como siempre hago. Tiene los ojos amarillos y las pupilas muy dilatadas; está muy quieto, pero la sensación es que no puede moverse; habla con dificultad. Pero ha reconocido a su sobrino.

-          ¿Qué me vais a hacer?

-          Vamos a ver si te pueden parar lo de vomitar sangre…

Esa mirada dice demasiado…las manos las tiene frías.


Entro la cama al gabinete de la prueba…entra un médico, mira al paciente y sale…al poco entra otro, lo mira y sale de la estancia…vienen los de intensivos: “no tenemos hueco para él, habrá que ver si en REA dan algún alta”. Mientras, las enfermeras ya han monitorizado al paciente, aún más de lo que ya estaba…


Hay como 15 personas dentro de la habitación.


Lateralizamos al paciente como podemos; el enorme vientre, las pesadas piernas, drenajes y cables dificultan mucho. Inmediatamente el monitor de la saturación empieza a pitar

-          no vamos a poder ponerle nada de sedación…

-          pues hagámoslo rápido

 

El rojo oscuro inundó la pantalla que mostraba el interior del paciente, apenas había entrado el tubo y ya no se veía nada.

El paciente empezó a moverse…un par de manos ya no eran suficiente para sujetarlo. Éramos tres personas impidiendo que se moviera mucho…yo estaba encima de él completamente.

 

Las máquinas empezaron a sonar, cada vez más rápido y más fuerte…

Inmediatamente lo giramos, a golpe de estirón de sábana, boca arriba y desnudo ofrecía un aspecto dantesco…

Los médicos se apartaron…mientras un zumbido continuo cortaba el silencio, hasta que uno de los intensivistas apagó el monitor.

 

El más inexperto, el que menos tiempo llevaba y el que nunca se había visto en una situación parecida, rompió el silencio, preguntando en voz baja a la enfermera que tenía al lado:

 

-          ¿qué esperamos?

-          A que se muera

 

 


 

 

Soledad familiar.

Sufrimiento.

Dolor.

Personas desconocidas y desconocimiento de lo que pasa.

Ambiente extraño.

Falta de intimidad.

 

Todo lo que yo no quiero para mí, lo viví en esa situación.

 

1 diciembre 2013






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